Por María Esther Cavagnis y María Lorena Koller
Resumen:
El presente artículo explora la articulación entre la conceptualización del Cuerpo sin Órganos (CsO) desarrollada por Gilles Deleuze y Félix Guattari y su manifestación viva en el encuadre terapéutico de Pietro Barbetta. A través del análisis de un fragmento clínico centrado en la paciente (Daniela/Alexandra), se examina cómo las nociones de potencia, desestratificación, agenciamiento y la poética del Kintsugi ofrecen un marco para comprender la corporalidad más allá de la lógica médica del organismo funcional y la falta psicoanalítica.
1. Introducción: El CsO y la disolución de la díada sano-enfermo
El concepto de Cuerpo sin Órganos (CsO) da cuenta de un proceso de organización y desorganización permanente donde la irrupción de «lo otro extraño» no constituye un accidente externo, sino una dinámica inherente a los procesos ligados a la vida. En la sesión, el abordaje del CsO transforma radicalmente el encuadre terapéutico al desdibujar los límites normativos que sostienen la díada sano-enfermo. Tanto el terapeuta como la paciente pasan a compartir la experiencia afectiva de alojar un «otro extraño» en el propio cuerpo que amenaza la integridad del organismo organizado.
Esta posición de horizontalidad y reciprocidad se explicita cuando el analista comparte su propia vulnerabilidad biológica, informando a la paciente sobre los estudios médicos de su páncreas por niveles elevados de amilasa y lipasa. La frase del terapeuta «estamos en el mismo barco» formaliza una complicidad donde el analista no habla desde la inviolabilidad de la salud, mientras la paciente transita la reconstrucción de su flora intestinal afectada por una infección bacteriana. La irrupción sintomática deja de ser leída como una patología individual para convertirse en un terreno compartido de afección e indeterminación corporal.
Luego de que el terapeuta responde sobre lo incierto de su estado de salud, Alex, extendiéndole la mano le dice “Tu debes quedarte aquí, no puedes irte, debes cuidarte”.
2. La potencia del órgano vs. el organismo: El estómago como fuerza deseante
Fragmento de sesión
T: Me preguntaba… tu hiciste como Jesús Cristo cuando está entrando en la cueva. Cueva en la cual Lazarus fue enterrado. El entró en la cueva y dijo, levántense y camine… Y Lazarus resucitó. ¿No es una palabra bonita resucitar?
P: Si, o renacer. Volvió a la vida
T: Volvió a la vida. Si
P: Yo también lo creo. De hecho, estaba pensando. Personalmente, en mi cabeza, considero que el estómago es una especie de segundo cerebro. Recuerdas que hablamos de esto, que un cerebro está matando al estómago. ¿No es posible que esté conectado con Alexandra y Daniela?
Todo cuerpo posee de manera simultánea dos dimensiones: las formas (el organismo organizado encargada de cumplir funciones específicas) y las fuerzas (intensidades que empujan al cuerpo fuera de sus límites, forzándolo a enlazarse con otros cuerpos o partes de otros cuerpos para no desintegrarse. En la intervención de Pietro Barbetta, la apuesta clínica consiste en pensar la potencia del estómago en lugar de reducirlo a su falta, enfermedad o disfunción. Las fuerzas en pugna entre salud y enfermedad, o entre lo normal y lo anormal, revelan que el triunfo absoluto de cualquiera de estos polos significaría el estatismo de la muerte del cuerpo.
Frente al paradigma de la carencia, la afirmación «tu estómago vino a salvarte» ubica al síntoma como una irrupción deseante que produce nuevos enlaces y agenciamientos. El deseo, en esta perspectiva, no guarda relación con lo familiar, lo personal, ni con las funciones asignadas a los órganos, sino que opera como una pura producción incesante. Esta dimensión intensiva se ejemplifica en la relación desmesurada de la paciente con la comida: episodios de voracidad en los que ingiere siete kilos de fruta hasta sufrir una intoxicación u hospitalización, o hasta sentir la barriga a punto de «explotar».
La resignificación que hace el terapeuta del órgano se consolida al conceptualizar al estómago como un «segundo cerebro», vinculándolo con la noción antigua atribuida a Hipócrates sobre el frenes (el diafragma pensado como centro donde convergen el cerebro y la respiración). La paciente encarna esta potencia afectiva al dirigirse verbal y gestualmente a su vientre llamándolo «mi pequeño Pegasus». Paralelamente, la paciente cuenta que su restauración digestiva se produjo al reincorporar alimentos vivos como el Borch (trigo fermentado / kombucha) y frutas bajas en azúcar vinculadas similares a la dieta infantil de su infancia cuando vivía con su abuela. De este modo, el estómago resucita «como Lázaro», no para volver a ser un órgano sumiso al orden biológico, sino para constituirse en un plano de intensidad deseante.
3. El Agenciamiento Alexandra-Daniela: Una multiplicidad no binaria
Fragmento de sesión
T: Oh, es una buena idea. Como la composición de los dos… ¿Cómo lo estás pensando? ¿Es el cerebro Alexandra? ¿Y Daniela está en el estómago?
P: No lo sé todavía. Instintivamente diría que Alexandra (tocándose con una mano el estómago) y Daniela (tocándose con la otra mano la cabeza). Instintivamente. Pero, no lo sé.
T: Entonces, Daniela viene de la parte estratégica.
P: Si. Sabes hay un dicho en inglés que dice: Escucha a tu intestino, como una corazonada… Instinto.
Las manifestaciones subjetivas nombradas como Daniela y Alexandra no responden a una división binaria o a una estructura psicopatológica dual. Por el contrario, encarnan diferentes cuerpos en relación dentro de un agenciamiento: una unidad en la multiplicidad donde ninguna parte es independiente de la otra ni conforma un organismo cerrado.
En la cartografía corporal trazada durante la sesión, se distribuyen geográficamente estas fuerzas: Alexandra se ubica en el estómago y las tripas (el instinto, la intuición visceral, la corazonada), mientras que Daniela reside en la cabeza (el pensamiento lógico, la estrategia y el control). La paciente señala que su cerebro (Daniela) estaba ahogando o «matando» a su estómago (Alexandra). El avance terapéutico ocurre cuando la paciente comprende que el objetivo no es eliminar a una en favor de la otra ni mantener a Daniela en un dominio absoluto, sino comenzar a «unir a las dos juntas», reconociendo la necesidad de integrar la dimensión intensica (afectaciones) que había sido dejada de lado.
4. La estética del Kintsugi y la resurrección del cuerpo roto
Fragmento de sesión
P: ¿Podría ser que por un tiempo Daniela estuviera dominándome, y ahora he empezado a unir a las dos juntas? … Entonces Alexandra dijo: ¡Si, acá estoy! Estuve enfocándome mucho en Daniela, cuidándola, manteniéndola bien, integrándola. Pero no estuve considerando a Alexandra.
T: Sí
P: Entonces, toda la atención estaba en Daniela, y yo no estaba prestando atención a mí. Tal vez estaba rebelándose. Tiene un poco de sentido.
T: O sentirse descuidada. Entonces más que rebelarse, fue una retirada. Cuando la persona se siente ignorada o descuidada, se retira.
El esfuerzo del cuerpo por no quedar reducido a un organismo funcional ni anclado en un yo rígido recurre a metáforas de composición estética. Mediante un lapsus y una consulta en su teléfono móvil durante la sesión, la paciente conecta el proceso de Alexandra con el Kintsugi (Kintsukuroi), el arte tradicional japonés de reparar cerámica rota uniendo sus fragmentos con laca y polvo de oro.
El Kintsugi representa la lógica del CsO: un cuerpo que no busca restaurar una totalidad perdida mediante fragmentos homogéneos, sino una composición de partes en relación de reciprocidad que celebra sus grietas y articulaciones resaltándolas con oro. En la polaridad del agenciamiento, mientras Daniela es caracterizada como el general estratega, Alexandra personifica la fuerza de reparación del Kintsukuroi. La idea de «resucitar» o «volver a la vida» se distancia así de la sanación médica tradicional para plantearse como una poética de la reconstrucción, donde las marcas del quiebre subjetivo devienen en el aspecto más valioso y visible de la superficie corporal.
5. «Mimad los estratos»: Estrategia, supervivencia y la dimensión política del CsO
Deleuze y Guattari formulan una advertencia ética fundamental para la práctica del CsO: «Mimad los estratos. No se puede alcanzar el CsO, y su plan de consistencia, desestratificando salvajemente». Puesto que el poder se caracteriza por reducir la multiplicidad de modos de ser a una unidad permanente, universal y obligatoria, la construcción de un CsO es siempre una práctica política subversiva que conlleva el peligro de la desarticulación y la muerte si se realiza sin cuidado.
Esta tensión se refleja en la función de Daniela, asociada al general de El Arte de la Guerra de Sun Tzu. La mente estratégica de Daniela fue indispensable para garantizar la supervivencia de la paciente en momentos del pasado de peligro extremo. Sin embargo, el terapeuta le advierte —recordando la máxima de Sun Tzu—: «No podés hacer lo mismo porque vas a fracasar», señalando que recurrir de forma sistemática a la defensa estratégica conduce a un punto ciego peligroso. Asimismo, el analista reinterpreta el síntoma de Alexandra: más que una «rebelión» destructiva, su repliegue corporal constituye una «retirada» frente al olvido y descuido subjetivo. La clínica del CsO no alienta la destrucción del organismo ni la tiranía de la unidad, sino la producción de nuevas conexiones estratégicas y cuidadosas con otros cuerpos y estratos.
